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Con un corazón que no puede cumplir mas promesas ya

Tontas y re tontas.

Las mujeres somos brutas. Y no es porque los hombres sean más inteligentes que el sexo femenino, para nada, solo que nosotras simplemente no sabemos (o nos cuesta mucho) manejar el sexto sentido que tenemos, o tal vez simplemente llegó atrofiado cuando lloramos en un hospital completamente desnudas al nacer. Es que es simple. Nuestras mamás querían que el médico que nos trató durante 9 meses en la guata fuese un hombre, ¿y qué pasó? Ese inepto nos mandó el mejor palmazo en el trasero para que respiráramos al nacer. Un bruto que no sabe tratar una mujer. Y si era una mujer la que nos sacaba de ese microespacio donde nos gestamos, era una fémina maltratada por los hombres y de seguro despechada, que se puso feliz porque ahora el dolor lo teníamos nosotras.
Crecimos en un sociedad que nos ha metido en la cabeza, toda la vida, que el hombre es el que tiene que llamar, el que nos tiene que invitar a salir y el que tiene que abrir la puerta del auto para que nosotras digamos “si, es un hombre cortés y vale la pena”. Pero la realidad es otra.
Hombres como los de las películas de Disney no viven en este planeta. ¿Acaso creen que La Cenicienta no tenía que servirle desayuno en la cama a su príncipe después de dos años de matrimonio?, ¿O se les pasó por la cabeza que Tritón, el papá de Ariel, no le dijo antes de que se fuera del mar que una mujer tenía que estar para lo que su esposo necesitase en el futuro?. Machistas. Eso es lo que son. Unos verdaderos sacos de ave revuelta, que al final son siempre lo mismo.
Los hombres creen que porque les das un beso te tienen ahí. Te pueden llamar cuando ellos quieran, cuando se acuerden de que existes, de que eres alguien gastando luz y agua en este mundo. Pero nosotras somos tontas y bien tontas. Juramos que porque nos pidieron nuestro número de celular, los insectos caen rendidos con nuestros encantos.
Hoy creo que nosotras, al igual que ellos, deberíamos tener un corazón de fierro para que nada nos mueva ni un centímetro del piso y sigamos nuestra vida aceptando que muchas veces la única respuesta a un comienzo de relación es que simplemente él no te quiere.